Siempre ha sido una bocanada de aire fresco para los mortales ver a las grandes estrellas de Hollywood humanizadas e imperfectas. Y no hay nada más humano en este mundo que darse un santo costalazo ante los ojos de una docena de paparazzi, y luego levantarse grácil, como si nada hubiera pasado.
Salma Hayek podrá ser miembro de la realeza hollywoodense y estar casada con un multimillonario francés, pero esta semana la actriz comprobó ser tan humana como nosotros y en un pasito tun-tun mal dado, demostró dos cosas: una, que todo en esta vida cae por su propio peso; y dos, que pase lo que pase, ella nunca se va a despegar de su hija Valentina (literal).
Mientras la actriz salía de un hotel de Paris --donde se encontraba dando entrevistas por su participación en la cinta `El Gato con Botas´-- nuestro orgullo jarocho perdió el equilibrio y rindiéndole honor a la manzana de Newton, casi se da un sentón frente a los fotógrafos franceses, quienes aclamaron su “triunfal” salida. Pero lo peor no lo vivió ella, sino la pequeña Valentina, quien casi se queda manca gracias al sendo jalón de brazo que le dio su señora madre. Nota para Salma Hayek: no usar a una niña de cuatro años como bastón.Bien dicen por ahí que una imagen vale más que mil palabras, así que disfruten del video y aprendan de la mexicana tanto a afinar su grito a la hora de tropezarse (Adele estaría orgullosa de ese agudo), como a incorporarse con finura y haciendo como que nada pasó… ¡Le Ouch!
