Pero la fórmula de vender a una figura pública como “el/la próximo/a (inserte aquí el cliché cinematográfico de su preferencia)” no siempre funciona, y a veces, esa canasta de huevos acaba estrellada, dejando a los mandamases con un triste omelette y millones de dólares perdidos.
Les presento a Taylor Kitsch…
El 2012 pintaba para ser su año: un actor relativamente desconocido que formó parte de una de las series dramáticas más aclamadas pero menos vistas de la televisión (`Friday Night Lights´) con el valor agregado de ser medianamente atractivo además de competente en su oficio. En pocas palabras: un diamante en bruto; una bola de arcilla que podía moldearse al antojo de los grandes estudios.Y entonces los jefazos decidieron apostar por él y le ofrecieron papeles protagónicos en dos megaproducciones; la adaptación al cine del clásico de ciencia ficción de Edgar Rice Burroughs, `John Carter´, y `Batalla Naval´, un intento de Hasbro por llevarse millones a la cartera con la misma receta de su exitosa franquicia `Transformers´.
Y ahí estaba Taylor Kitsch: su rostro (desconocido para todo aquél que no estuviera familiarizado con la serie), encabezando espectaculares, vallas y parabuses de todo el mundo. “¡Les presentamos a la estrella del momento!”, parecía que nos decía Hollywood; “Consúmanlo, porque ESTE es el nuevo héroe de acción/ galán/ ídolo juvenil”.
Pero ni Disney ni Universal contaban con que la gente no estaba interesada en ver caras nuevas protagonizando cintas tan esperadas y al final la canasta de los huevos se estrelló:
De los 250 millones de dólares que costó `John Carter´ solamente recaudó 72, mientras que de los estimados 209 millones invertidos en `Batalla Naval”, hasta el momento sólo ha recuperado 25.3 millones (¡Ouch!).
Lo peor es que ninguna de las dos cintas son tan malas como parecen y si ustedes no son cinéfilos exigentes, coincidirán que ambas funcionan para esos días en los que dan ganas de ir al cine con el simple objetivo de empacharse con palomitas sin tener que pensar en nada más que pasar un buen rato.
Mientras que el fracaso de `Batalla Naval´ en gran medida es culpa de cierta peliculita llamada `Los Vengadores´, la decepción de `John Carter´ no tiene mucha justificación. Se estrenó un fin de semana sin competencia real y a su favor tenía una fórmula que usualmente funciona: el sello Disney, un protagonista en paños menores y efectos especiales de última tecnología a diestra y siniestra. Más bien la pregunta es, ¿el resultado hubiera sido distinto si el protagonista tuviera un apellido como Gyllenhaal, Hemsworth o Gosling? ¿O será que de plano Taylor Kitsch no tiene madera de estrella?...
En su defensa, el cuate tiene carisma y aunque no estamos frente a un sucesor de las habilidades histriónicas de Meryl Streep, hay que aceptar que hay peores actores allá afuera consiguiendo mejores papeles (¿les suena Channing Tatum?).
El caso de Kitsch es el claro ejemplo de cómo se consume el cine en Estados Unidos: olvídate de la fama y la fortuna si eres una persona promedio. ¿Tienes poco talento? Más te vale ser una Barbie o un Ken. ¿No fuiste bendecido con buenos genes? Compénsalo con personalidad y maestría…
Pero no hay que perderle la fé a este joven actor. Entre sus proyectos está el papel protagónico en la nueva cinta de Oliver Stone, con la que -alejado de los confines de las cintas de efectos especiales y presupuestos multimillonarios- quizás tenga la oportunidad de demostrar que después de todo, su estrella sí brilla…

